El Sahara: tierra de nadie, tierra de todos Imprimir E-Mail
Raquel Salinero   
sábado, 19 de diciembre de 2009
La polémica en torno a este territorio y a sus más destacados defensores no ha abandonado la actualidad de las últimas décadas.

091218_wsahara.gifEl caso de Aminatu Haidar ha vuelto a ponerlo de relieve, pero lo es que el problema es ajeno y desconocido para muchos. Finalmente ha regresado a El Aaiún en un avión medicalizado y con un salvoconducto, después de que los gobiernos de España y Marruecos llegaran a un acuerdo. Pero este consenso se ha postergado durante mucho tiempo: 32 días de huelga de hambre en los que Haidar puso en peligro su vida como reacción a una injusticia.

La cuestión nos afecta de cerca, tanto histórica como territorialmente. Nuestra posición de nexo con Europa debe ser garante de libertad y democracia para zonas con el Sahara, situada en una zona hostil y represiva que le impide cualquier tipo de reivindicación de independencia. La falta de acción y consenso en el caso de Haidar se puede extrapolar a la actitud que España, Marruecos y el resto de la comunidad internacional está adoptando con el Sahara Occidental.

Un problema que viene de lejos

El Sahara ha estado gobernado por España desde el siglo XIX. No obstante, el deseo independentista era cada vez más exacerbado, a la par que crecía el sentimiento de apego marroquí hacia éste territorio, que considera suyo por naturaleza, y desde los años 70 lucha por conseguir. A las reclamaciones territoriales se sumó Mauritania, y ambos países se repartieron el pastel saharaui: los dos tercios situados más al norte para Marruecos y el tercio sobrante para Mauritania.

Este país renunció a ellas poco después debido a la guerra de desgaste iniciada por el Frente Polisario como respuesta al ansia colonialista. Dicho frente había proclamado en 1976 la República Árabe Saharaui Democrática –RASD-. Marruecos aprovechó la coyuntura para reclamar la soberanía en todo el Sahara Occidental. En 1980 creó un muro que dividía el Sahara Occidental de norte a sur. Mide 2.720 km y protege los suministros de fosfatos.

Tras el abandono de Mauritania la RASD alcanza mayor reconocimiento internacional., y poco después es admitida en la Organización para la Unidad Africana –OUA-, lo que provocó que Marruecos la abandonara. En 1985 la RASD ya había sido reconocida por 61 países. En 1988 comienzan las negociaciones por la paz entre Marruecos y el Frente Polisario, pero no tienen muchos frutos.

La ONU ve altamente necesario la celebración de un referéndum, y para ello creó en 1991 MINURSO –Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental-. No obstante, el referéndum parece posponerse de un modo exasperante. El Plan Baker propuesto en 2003 tampoco obtuvo mejores resultados.

Desde entonces no se ha llegado a ninguna conclusión, y la única obviedad es que los refugiados saharauis que huyeron de su tierra para no ser aniquilados por las tropas marroquíes aún están en tierras argelinas, esperando a que alguna instancia internacional obre un milagro.

La vida en el desierto

091218_sahararefugiados.jpgLos campamentos de refugiados son la cuestión más sangrante del las diatribas en torno al territorio marroquí. Están divididos en cuatro distritos: El Aaiún, Esmara, Dajla y Auserd. Cada campo se subdivide a su vez en 6 o 7 pueblos, y cada uno en 4 barrios.

La organización de estos grupos está encabezada básicamente por mujeres, ya que la mayoría de hombres están en el ejército. El Sahara es uno de lo territorios más inhóspitos del mundo: la temperatura supera los 50 grados en verano a la sombra, y en invierno el frío es igual de extremo. La capacidad de organización y la solidaridad del pueblo saharaui es la única garantía de supervivencia. Asimismo, se han logrado importantes avances en sanidad, educación: en el momento de la invasión marroquí el analfabetismo se situaba en torno al 95%. Actualmente, ese porcentaje se ha reducido un 5%. Un dato positivo, pero igualmente alarmante.

Y es que han sido ellos, el pueblo saharaui, los grandes olvidados. Muchos son los que se han disputado y disputan su territorio pero, ¿quién intenta ganar el corazón de sus gentes?

España no puede jactarse, precisamente, de haber sido un país beneficiario para el pueblo saharaui, pero está sus manos enmendar errores. La que ha sido la gran vergüenza para nuestro país, lo es ahora para Marruecos. Y ni unos ni otros saben ahora como afrontar la polémica surgida en torno a Aminatu Haidar.

La historia de Aminatu

La activista pro saharaui y de los Derechos Humanos ha sido perseguida y reprimida en diversas ocasiones por el Gobierno marroquí.

Con 21 años fue enviada a una prisión clandestina durante 4 años por participar en una manifestación pacífica que exigía el referéndum de independencia. En 2005 fue condenada por la justicia marroquí a la estancia de 7 meses en el centro penitenciario ‘Prisión Negra’ de El Aaiún.

Después de estar más de un mes en prisión, fue liberada en 2006. De este modo reavivó las reivindicaciones de independencia de los saharauis, que se manifestaron en las calles de El Aaiún y en la Universidad de Marrakech. Gracias al apoyo internacional logró la expatriación de Haidar. Quería convertirse en la embajadora itinerante de la RASD.

091217_haidar.jpgDesde agosto de 2006 Marruecos le denegó el pasaporte, además de negar también el derecho de expatriación de sus dos hijos con el objetivo de presionarla moralmente. Aminatu Haidar fue deportada el 14 de noviembre hacia el aeropuerto de Lanzarote, después de llegar al aeropuerto de El Aaiún. A él regresaba después de dos semanas de gira internacional para explicar la situación de los derechos humanos en esta zona.

La policía marroquí la arrestó y le sustrajo su pasaporte y la embarcó forzosamente en un avión con destino a Lanzarote. Las autoridades marroquíes afirmaron que Haidar se negó a indicar su nacionalidad en el formulario de reglamentación internacional para los viajeros, pues tenía que ser forzosamente la marroquí, al no reconocérsele la saharaui.

Desde entonces se declaró en huelga de hambre para denunciar su situación y exigir una acción que resuelva categóricamente su situación. Ha manifiestado ser víctima de una violación clara de los Derechos Humanos, así como del Derecho Internacional, del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y de la Ley española.

Después de ser hospitaliza a los 31 días de huelga, se ha tomado la decisión de enviarle a su hogar, como debía haber ocurrido desde hace más de un mes. Haidar considera que ha vencido y, con ella, los Derechos Humanos, el Derecho Internacional y la causa saharaui.
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