La ilusión Imprimir E-Mail
Juan Antonio Martínez Muñoz   
viernes, 20 de febrero de 2009
Parece que ZP tiene una enorme capacidad de ilusionar a las multitudes, lo que se presenta como una especie de 'carisma' democrático que nadie más posee y que, por sí sólo, justifica cualquier medida que tome el agraciado como beneficiosa para la humanidad, especialmente en materia económica y de protección social -parece que él, en exclusiva y de su bolsillo, garantiza las pensiones, el desempleo, la vivienda, la salud, la educación de calidad, el disfrute sexual, un medio ambiente mejor y otras muchas cosas deleitables en un estado de bienestar-.

Pero hay algunas sombras, que restan méritos a ZP. Aparte de que es difícil encontrar a un socialista que ponga algo de su bolsillo para ayudar a los demás, las masas a las que ilusiona están formadas por tipos especiales de individuos: los vulnerables a la manipulación informativa en que se aparece el afortunado obsequioso y al Reality Show que lo difunde. Las personas capaces de sustraerse al influjo agobiante de una información tan manipulada como la que utiliza el ilusionista, a la que incluso algunos consideran, sin más, terrorismo informativo, lamentablemente son minoría.

Otra nube es el descomunal coste del aparato de propaganda política montado por el régimen para mantener el atractivo artificialmente; demuestra que la capacidad de general ilusión no es gratis. Hay que tener en cuenta que la 'plusvalía' que maneja la minoritaria casta socialista que detenta el poder -los mencheviques de Ferraz- se reparte básicamente en dos partidas: una va directamente para ellos mismos y al entramado de secuaces que necesitan para los trabajos más sucios; la segunda se invierte en propaganda para asegurarse seguir detentando el poder y, por tanto, beneficia a los mismos sicarios informativos y titiriteros. Se ha calculado en un 6,5% del PIB que, repartido entre la beneficiaria casta del 0,5%, proporciona a los mencheviques un nivel de renta media 10 veces superior la renta media de un trabajador y eso sin tener que trabajar.

Un tercer nubarrón tiene que ver con que, aunque parece que de la ilusión también se vive, al menos así lo dice el refrán, no es menos cierto que muchas ilusiones suelen acabar en delirio, eso ocurre más intensa y más frecuentemente con la quimera que produce la narcotizante utopía del socialismo, suele acabar en desdicha. Despertar de ella es como hacerlo de una borrachera colectiva; no se ha arreglado nada y seguramente hay más deudas, aumentan los perjudicados inocentes y los malos tratos a personas cercanas y, sobre todo, la tendencia a tajadas futuras se ha incrementado.

Del espejismo del pleno empleo -señuelo que ya no es una promesa, contra lo que pensaron los ilusos- se despierta con un paro atroz. Los socios del alcohólico desvían la atención un enemigo imaginario al que pueden vapulear -como el borracho a su mujer-, se le representa tan peligroso que contra él se pueden poner, por ejemplo, bombas en los trenes, hacer huelgas salvajes -si es que alguna vez no lo son- y promover cacerías furtivas, con chekistas concertados con el poder político y mediático. No se genera empleo pero se fabrica el monstruo en quien descargar la rabia y la frustración de la frívola idolatría al líder.


* Juan Antonio Martínez Muñoz es profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.

Este diario no asume como propias las opiniones difundidas a través de las colaboraciones y cartas al director que publica.
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