La vida por encima de la muerte Imprimir E-Mail
martes, 02 de septiembre de 2008
Hace un mes, antes de irme de vacaciones, me aburría un día en mi casa y me puse a zapear buscando en la televisión un programa que me entretuviera sin llenarme la cabeza de basura. Y la verdad es que después de comer el panorama está muy complicado. Resulta que a partir de las 16:00 horas aproximadamente en un canal había cotilleos y cambié de canal porque no me importa la vida de los demás, en otro canal de televisión había un nuevo programa de citas rápidas entre chicos y chicas. Además me sorprende de este programa que la gente se tira los trastos a la cabeza y las mujeres se pelean entre ellas por conseguir estar con el hombre de sus sueños (que, aunque yo lo dudo, se supone que lo encontrarán en menos de un mes) y a partir de ahí, citas rápidas, chicas muy frescas peleándose por su macho y viceversa. Vaya un panorama para los niños pequeños que ya están en casa a esas horas.

ImageY volví a zapear porque aquello no me gustaba y lo que encontré no fue menos gustoso. En otra cadena había un programa de esos de mezcla de marujeos y política nacional e internacional que estaba hablando sobre el aborto que tuvo una mujer. Hablaban de eso con toda la normalidad del mundo, tanto es así, que al día siguiente, me encontré defendiendo el aborto con toda la fiereza del mundo, al menos cuando la mujer no puede mantener al niño. Y cuando después de la discusión llegué a mi casa y consulté con mi almohada me di cuenta de lo burra que había sido. De hecho me puse en el polo opuesto, es decir, que yo no pudiera tener hijos de forma natural y eso sí que me pareció horrible. Por eso, mientras hablaba con mi almohada, me di cuenta de que teniendo en cuenta que hay muchas mujeres que intentan quedarse embarazadas y no pueden y sobre todo, que la experiencia de llevar una vida dentro debe ser maravillosa, ¿cómo en ningún momento me dejé llevar por la televisión y pensar una cosa cómo aquella?

La televisión hoy en día es dañina, especialmente esas cadenas que hablan del aborto como si sólo importara la vida de los padres, como si la vida del niño no importara nada, como si matar a un niño a los tres meses no fuera horrible. Cuando eso me vuelva a pasar y me deje llevar por las paranoias televisivas y que guíen mis pensamientos, siempre recordaré el día que mi amiga Marta, de 20 años, vino y me dijo «estoy embarazada de un mes y mira esta es la ecografía de mi bebé, mide 11 centímetros ya…».

Necesitamos por nuestra salud mental que haya unas normas mínimas de emisión en la televisión, al menos que no estemos construyendo una televisión dañina, tenemos que luchar por una programación de más calidad y mejor.
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