Lasquetty y la manta corta Imprimir E-Mail
Antonio L. Rodríguez   
domingo, 07 de abril de 2013

antonio l rodriguezJavier Fernández-Lasquetty es uno de los consejeros de la Comunidad de Madrid más cuestionados y, tal vez por eso, uno de los más apoyados por el Presidente González.

Y digo esto porque a este Consejero de Sanidad le hicieron llevar a cabo una operación sin anestesia y eso no siempre resulta fácil. Duele. Sobre todo al paciente. La operación fue una reforma brutal de la sanidad madrileña y, con ella, aparecieron dolores y problemas por todos lados porque esa reforma tocaba uno de los intocables en el Estado del Bienestar: la Sanidad Universal.

Y he de decir que era y es una reforma necesaria. El abuso que la intocable clase sanitaria (incluyo al personal administrativo) ejercía en la sanidad madrileña y el abuso de los pacientes (algunos, absolutamente, sangrantes), que confundían un derecho con una acción despótica, la hacían imprescindible porque, de no hacerla, esa sanidad universal era ya inviable.

Pero yo creo que esa doble situación, que afectaba a profesionales de la sanidad y a enfermos, era mucho arroz para tan poco pollo. De hecho, Lasquetty está viviendo la situación de la manta corta. Si se arropa la cabeza se le enfrían los pies y si se tapa los pies se le enfría la cabeza.

El consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, ante el lío que le han montado las mareas de batas blancas tirando a marrón (no se puede tener menos vergüenza que esta tropa), ha abandonado a los que realmente somos los protagonistas del derecho: los pacientes. No digo que el abandono sea consciente. Creo, sencillamente, que se le ha ido de las manos.

Tanto ha querido taparse la cabeza para soportar el agobio que le proporcionaban unos sindicatos que sólo buscaban el protagonismo de sus líderes que se le olvidó taparse los pies que es donde están los enfermos. Y el lío que tiene montado con las medicinas es de órdago.

En la consejería no se aclaran y en las farmacias tampoco. Ni, por supuesto, se aclaran los médicos. Todo es de una improvisación que asusta. Pura irreflexión. Lo que ayer valía, hoy no vale y mañana, es posible, que vuelva a valer. ¿O quién sabe? Es una especie de círculo vicioso que va del médico de familia a la farmacia y de la farmacia al médico de familia con una receta en la que la fecha no coincide con no se sabe qué cosa, que le falta el sello de la inspección o, asómbrense, no tiene un autovisado. Lo del autovisado ya es la Trompa de Falopio de doña Bernarda.

O sea, que el médico da una receta y la firma, como es natural, pero eso no es suficiente porque a alguien de la consejería del señor Lasquetty se le ha ocurrido que la receta se autovise por el mismo que la ha firmado. El médico firma la receta y el mismo médico se visa la receta. Alucinante, Lasquetty. Alucinante. En tu consejería hay auténticos genios.

Parece que al consejero Lasquetty le preocupan cuatro tipos con batas sucias pero no le importa lo más mínimo que la gente de su consejería se dedique a marear a los pacientes. A los que pagan a los de las batas marrones, a los listos de la Consejería de Sanidad y a los farmacéuticos. Porque, aunque sean pacientes, también sus impuestos. Y eso, en esta Sanidad de estadísticas, ya se les ha olvidado a todos.


Antonio L. Rodríguez
*Este diario no se hace responsable de las opiniones de sus colaboradores ni de las de las cartas al director 

 

 



Publicado originalmente:: 2013-04-07 23:12:21

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