El Gobierno tiene claro que va a levantar ronchas con la reforma laboral. Hace nueve días en Bruselas era el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quien lo admitía ante un micrófono indiscreto que recogió sus palabras cuando conversaba con su homólogo finlandés: La reforma laboral me va a costar una huelga general. Ayer, en la misma ciudad, fue el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, quien lo hizo hablando con el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn. Mañana aprobamos la reforma del mercado laboral y va a ver extremadamente agresiva, con mucha flexibilidad en la negociación colectiva y reduciendo la indemnización por despido. Horas después fuentes de Economía matizaron que el ministro quería decir que la reforma iba a ser extremadamente agresiva en la lucha contra el paro.